
Publicado por: Gints Ziverts
24 de abril de 2026
6min
Por qué he creado Flipaki: una carta abierta desde mi trastero
Hace unos meses bajé al trastero a buscar una cosa concreta. Tardé veinte minutos, claro, porque antes tuve que mover un cofre Thule para el techo del coche que usamos tres veces al año, unos esquís y una tabla de snowboard que llevan desde el invierno pasado esperando su momento, un paddleboard metido en su funda, un proyector que compré "para hacer cine en casa los viernes", y la bici de niño que mi hijo mayor dejó pequeña hace un año.
Y mientras movía cosas, pensé una tontería que se me quedó dando vueltas durante semanas: todo esto le serviría a alguien ahora mismo.
Hoy lanzamos Flipaki. Y antes de explicarte qué es, qué no es, y hacia dónde vamos, me apetece contarte de dónde viene. Porque esto no nació en una pizarra de una oficina con café de cápsula. Nació en un trastero en Barcelona, con un padre de familia bastante normal preguntándose por qué seguimos comprando cosas que ya tenemos los unos al lado de los otros.
Un poco sobre mí (y sobre por qué esto importa)
Soy Gints. Vivo en Barcelona con mi mujer y nuestros dos hijos. Familia de cuatro, piso de alquiler, y la sensación constante — supongo que como mucha gente — de que acumulamos demasiadas cosas y aprovechamos demasiado pocas.
Como casi todo el mundo a quien conozco, llevamos un tiempo pensando en cómo gastar mejor, cómo generar menos residuos, cómo enseñarles a los niños que no hace falta tener cinco de todo. No somos militantes de nada. Somos una familia intentando ser un poco más coherente con lo que dice y lo que hace.
Y de ahí, en parte, viene Flipaki.
El problema que nadie estaba resolviendo
Vuelvo al trastero. Después de encontrar lo que buscaba, hice un experimento mental: ¿y si yo, en lugar de tener todo esto cogiendo polvo, pudiera prestárselo a un vecino por unos días? El Thule lo usamos para irnos de viaje en verano y alguna escapada; los esquís, unos fines de semana al año; el paddleboard, cuando el mar acompaña. El resto del tiempo están quietos. ¿Y si la próxima vez que yo necesite un taladro percutor para colgar una estantería, en lugar de comprarlo, pudiera alquilárselo al vecino del cuarto que lo usa una vez al año?
Empecé a buscar. Pensé que existiría. Tenía que existir.
Y lo que encontré fueron empresas. Empresas que alquilan cosas, sí, pero con sus horarios, sus tiendas en polígonos a las afueras, sus precios pensados para alquileres largos, sus depósitos de tarjeta y sus formularios. Útil para algunas cosas. Inútil para lo que yo quería: alquilar un proyector el sábado por la tarde a alguien que vive a tres calles.
Lo que faltaba era el medio. Un sitio simple donde la gente normal pudiera ofrecer y pedir cosas de la gente normal. Un puente entre vecinos. Eso es lo que empecé a esbozar — al principio en una libreta, luego en pantallas, luego con código — y eso es lo que hoy abrimos al mundo.
Qué es Flipaki, en una frase
Flipaki es una plataforma para alquilar objetos entre particulares en Barcelona. Tú tienes un paddleboard, un proyector, un cofre Thule, una cámara, un kit de raclette. Yo lo necesito un fin de semana. Nos encontramos en la app, hablamos por el chat, fijamos un precio y un punto de recogida, y ya está.
No es alquiler de pisos. No es venta de segunda mano. Es alquiler de cosas, entre personas, por días.
La parte verde, que para mí no es decoración
Hay una conversación que llevamos teniendo años, la del consumo y el planeta, y a veces me da la sensación de que se ha vuelto un poco ruido. Que todo el mundo dice las palabras correctas y luego seguimos comprando lo mismo.
A mí me cuesta hablar de "sostenibilidad" sin sentir que estoy vendiendo algo. Así que voy a decirlo más simple: cada objeto que se alquila en lugar de comprarse es un objeto que no se fabrica, no se empaqueta en plástico, no se manda en un camión desde la otra punta del mundo y no termina, dos años después, en un contenedor.
Multiplica eso por una ciudad entera y la diferencia deja de ser simbólica.
Yo no creo que Flipaki vaya a salvar el planeta. Sería ridículo decirlo. Pero sí creo que cambiar la pregunta de "¿dónde lo compro?" a "¿quién lo tiene cerca?" es un gesto pequeño que, hecho por mucha gente, hace algo. Menos cosas fabricadas. Menos cosas guardadas sin uso. Menos residuos. Más conversación entre vecinos, que tampoco le viene mal a nadie.
Y, de paso, un detalle nada menor: ese paddleboard que sacas cuatro fines de semana al año cuesta dinero. Esos esquís también. Si los alquilas cuando no los usas, te pagan parte de lo que te costaron. Si los pides prestados en vez de comprarlos, te ahorras el resto. Las dos partes ganan. Eso es lo bonito de esto, que no es caridad, es sentido común.
Cómo funciona, sin complicarlo
Si nunca has usado nada parecido, te lo cuento como se lo conté a mi madre:
- Si tienes cosas que no usas a menudo: las pones en la app con foto, descripción y un precio por día. Cuando alguien las quiere, te llega un aviso. Confirmas, quedáis, las recoge, las devuelve.
- Si necesitas algo puntual: buscas en la app, miras lo que hay cerca, hablas con quien lo ofrece por el chat, y quedáis para la entrega.
- Reseñas y verificación de identidad: porque dejar tu cámara o tu Thule a un desconocido sin saber nada de él da yuyu, y con razón. Por eso construimos confianza desde el principio.
- Depósito: lo acuerdas tú con la otra persona según el valor del objeto. Es tu garantía, no la nuestra.
Es deliberadamente simple. No queríamos una app con quince pestañas y notificaciones cada hora. Queríamos algo que tu vecino de 60 años pudiera usar sin llamar a su hijo.
Sobre el precio, y una promesa
Quiero hablarte de dinero un momento, porque es una conversación que prefiero tener abierta desde el día uno.
Flipaki tiene que cubrir sus costes para existir. Eso es honesto decirlo. Pero mi idea con esto nunca ha sido montar un peaje. La idea es que alquilar entre vecinos se parezca más a prestarse cosas entre amigos que a pasar por una caja registradora.
Por eso, muy pronto vamos a introducir una tarifa pequeña por reserva. Empezará en 1€. Uno. No es para hacernos ricos; es para que las reservas vayan en serio, para evitar reservas falsas y plantones, y para mantener la plataforma en pie. Y mi compromiso, por escrito, es que esa tarifa se mantenga baja a medida que crezcamos.
Y una cosa más, porque me importa: en Flipaki no va a haber publicidad externa. Ninguna. No vas a abrir la app y encontrarte anuncios de nada, ni banners, ni patrocinios disfrazados. Esa es nuestra regla, y no tengo intención de cambiarla. Si esto funciona, funcionará porque la comunidad lo sostiene, no porque alguien nos paga por meter ruido entre vuestros alquileres.
Hacia dónde vamos (sin destripar todo)
Hoy es el día uno. Lo que ves ahora es la base. Lo que viene es bastante más.
Sin entrar en demasiado detalle, porque las cosas se anuncian cuando están listas y no antes, te puedo contar las direcciones en las que estamos trabajando:
- Pagos integrados dentro de la app, para que no tengas que andar con Bizum y capturas de pantalla.
- Entregas, para los días en los que ni tú ni la otra persona podéis quedar a una hora concreta.
- Cobertura de seguro sobre los objetos, para que prestar la cámara buena o los esquís deje de dar vértigo.
- Verificación de identidad reforzada, porque cuanto más confiable sea la comunidad, mejor funciona para todos.
Hay más cosas en el horizonte, pero prefiero enseñarlas cuando estén listas.
Una pequeña checklist si quieres empezar hoy
- Baja al trastero (o abre el armario del pasillo) y mira tres cosas que no has tocado en seis meses.
- Hazles una foto decente, con luz natural si puedes.
- Súbelas a Flipaki con un precio por día que te parezca justo.
- Piensa en algo que ibas a comprar este mes y mira si alguien lo tiene cerca para alquilártelo.
- Habla con la persona por el chat antes de quedar. Las buenas conversaciones hacen los buenos alquileres.
Eso es todo. Sin cursos, sin embudos, sin trucos.
Para terminar
Llevo meses con esto en la cabeza y muchas semanas con esto en las manos. Hoy lo soltamos al mundo, que es la parte que da más respeto y más ilusión a la vez.
No tengo la pretensión de cambiar cómo consume Barcelona en una semana. Pero sí creo, de verdad, que hay sitio para una manera distinta de relacionarnos con las cosas que tenemos: usarlas más, comprarlas menos, compartirlas mejor. Y creo que esa manera es más fácil cuando existe un sitio sencillo para hacerla posible.
Gracias por estar aquí en el día uno. Gracias por leer hasta el final, que no es poco. Y gracias, sobre todo, a quienes durante estos meses habéis probado, roto, sugerido y empujado para que esto fuera mejor.
Estoy emocionado de empezar este camino con vosotros. Nos vemos en la app.
Saludo, Gints


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